domingo, 18 de agosto de 2013
rezo
No recuerdo bien el día en que recé por primera vez, pero sé que fue desde niño ¿cómo aprendí a rezar desde tan pequeño? ¿Por qué comencé a hacerlo? De seguro fue mi mamá o mi abuelita que me dijo que juntara las manos, que cerrara los ojos y que, si me concentraba con profunda fe, alguien escucharía mis oraciones allá arriba en el Cielo.
Así fue.
Recuerdo que funcionó, recuerdo que por eso seguí haciéndolo.
sábado, 3 de agosto de 2013
TESOROS POR LA BORDA
Hoy aplico "copy-paste" de un texto del cual no tengo más que palabras de aprobación, respeto y admiración. Fue escrito por mi gran amigo Pedro H. C., quien tiene el don más grande de todos: nunca deja de soñar (a pesar de que empezó en el arte de anhelar desde pequeño).
Eso no es todo, además lucha a diario por cumplirlos, poniendo todo de su parte.
Sé que lo logrará.
En un viaje mochileando por el sur de Chile, tomando el transbordador desde Quellón hasta Puerto Marin Balmaceda, me tocó una avería del motor del barco este. Yo hasta ahí un poco molesto por el frío pero nada del otro mundo. Para pasar la lata empecé a conversar con la gente con aires de comprensión como si fuera un local más. Para mi sorpresa, esto de las reparaciones improvisadas del barco y las demoras (de a veces varios días) son mucho mas normales de lo que yo hubiese esperado.
No me di cuenta de la “cagaita” que estaba hasta que, ya adentro del transbordador, la gente empezó a tirar por la borda (literalmente) la fruta podrida y la mercancía que ya no se podría vender en la cada vez más transitada “carretera austral”. Ahí, cabro chico y todo, me pareció raro lo poco enojados que estaban los comerciantes, lo acostumbrados que estaban a que nadie se preocupara de ellos mas que ellos mismos.
¿Dónde cresta vamos como país? ¿Qué es lo que queremos “desarrollar”?. Por donde empezar.
Cada vez que visito Santiago esto es lo que veo: Metro (¿de verdad cabe tanta gente en esta huevada?), mar de gente encerrada en su mundo, Costanera center, Titanium, grandes autopistas, malls a la vuelta de la esquina, Macdonald’s, H&M, autos y motos chinas, progreso, trabajo y oportunidades.
Es razonable y entendible que el que busca oportunidades se vaya a la capital en busca de ellas, todos tenemos que vivir de algo. Pero porqué seguir invirtiendo en la capital cuando estamos sobrepoblando… corrijo, extremadamente sobrepoblando un lugar que, salvo algunos barrios sobre la cota 1000, perdió la armonía y la sanidad mínima para vivir. ¿Estamos avanzando en calidad de vida, crecimiento personal y oportunidades?
Veo en el espectacular y autentico Valparaíso un sin fin de proyectos que atentan directamente con su sello distintivo: mall muelle Barón, edificios en plena Av. Errázuriz, ascensores dejados de lado por poco rentables. ¿Estamos avanzando en cultura?
Leo estos famosos índices de que estamos a punto de llegar al PIB de un país desarrollado y hace poco el Banco Mundial nos catalogó como un país de ingresos altos. ¿Quienes se están haciendo más ricos? Es verdad que hay más malls, más fallabelas, más calles sin grietas, más edificios bonitos. Acaso usted señor, ¿Es dueño de alguna de estas cosas? ¿Se siente usted más rico cuando pasa por una plaza de noche y ve a los indigentes tapándose con diario?
¿Qué queremos para nuestro lindo Chile?
Yo quiero cultura, desarrollo armonioso y progreso equitativo.
Abajo los monopolios, los perdonazos y el centralismo. Arriba la señora que vende sopaipillas en portales, el sastre de Av. Valparaíso, el que se atrevió a hacer su empresa en Puerto Varas, vivan los estudiantes que desafían a los encapuchados a lanzar la primera piedra, que vivan las machis y los organilleros callejeros, vivan las sonrisas en el metro y la gente que ayuda a subir a los usuarios de sillas de ruedas a esas pseudo rampas en las micros.
Despertemos del viaje del transbordador, que nadie nos haga tirar nuestros tesoros por la borda, tomemos en nuestras manos lo que nos pertenece, Chile es nuestro y no de 8 familias.
Viva Chile mierda.
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martes, 30 de julio de 2013
Filosofía intercultural y Fe. ¿Nada qué decir? (y 3era parte)
Finalmente, si hubiese
que hacer un resumen del mensaje del Cristo, sólo habría que remitirse a
cualquier Evangelio y buscar qué responde Jesús cuando le preguntan el más
importante de los mandamientos (Mt 22, 34-40). No por nada este relato está en
los cuatro Evangelios, sino justamente porque era importante que todas las
primeras comunidades cristianas que tuvieran acceso a alguno de ellos, no
dejara de recibir este mensaje. Dice el Señor que los mandamientos más
importantes son amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como uno mismo.
Tan fácil como eso. Reconoce, con esto, la importancia del otro, el prójimo; y la importancia del amor universal de Dios, o en
términos interculturales, el amor multiversal
de Dios, donde cada cual es importante por sí mismo, pero dentro de una
comunidad. Un ejemplo claro de esta multiversalidad de Dios es encontrada en
los diferentes relatos en que Jesús se relaciona con extranjeros, siendo Él
judío, y siendo mal visto por los judíos establecer dichas relaciones. Por
ejemplo: Jesús y la mujer sirofenicia (Mc 7, 24-30), relato sobre el que
Dolores Aleixandre Parra, teóloga y religiosa española, basa la redacción de un
hermoso artículo titulado “Jesús y la mujer sirofenicia. Una historia desde la
frontera”[1].
Otro ejemplo es la conocida parábola del Buen Samaritano, cuyo principal
mensaje no es la solidaridad, sino la solidaridad de un extranjero, casi de un
“enemigo” para la realidad judía de antaño. Por último, y el más polémico de
los ejemplos de la interculturalidad de Cristo lo encontramos en la historia de
los sabios de Oriente que vienen a visitar al Niño Jesús en el pesebre
trayéndoles ofrendas de oro, incienso y mirra. ¿Por qué polémico? Porque,
aunque para muchos es de lo más hermoso de la Navidad, e infaltable figura del
pesebre es, seguramente, un relato simbólico, bajo ninguna circunstancia,
histórico. Justamente el relato es similar al relato de la Reina de Saba y el
Rey Salomón del Antiguo Testamento (1Re 10,1-13), cuya importancia radica en
que el mensaje de Dios es para todas las naciones. Los evangelistas repiten
este relato -tan popular entre la cultura judía- porque es necesario recalcar
ese elemento en Cristo: su
universalidad.
“Uno empieza a ser
intercultural cuando es capaz de transgredirse a sí mismo” se dijo en la
cátedra de Filosofía Intercultural,
ciudadanía y reconocimiento, y en esto, humildemente, Jesús nos lleva la
delantera por mucho: “Si alguno de ustedes quiere seguirme, niéguese a sí
mismo, tome su cruz de cada día, y sígame” (Lc 9, 23). Y lo más importante de
esta exigencia es que Él mismo la hace vida con su propia muerte.
Comunicación y
universalidad son fundamentales para entender la Filosofía Intercultural y,
como conclusión, es importante destacar que hoy en día estos elementos están
-más que nunca- sobre el tapete y son fundamentales a la hora de relacionarnos.
La fe nos puede ayudar en esta relación, aunque también, mal entendida nos
puede alejar. Lo que sí es cierto e irrefutable es que en nuestro interior hay
más que sangre, y vísceras… también hay algo que nos hace seres espirituales y
trascendentes, y ahí la religión tiene mucho que decir, no sólo la religión
cristiana, sino toda religión que busca dar respuesta a la vida del hombre…
perdón, del ser humano. Hoy la filosofía y la fe tienen mucho que decir.
[1]
Dolores Aleixandre Parra, Concilium: Revista Internacional de Teología, ISSN
0210-1041, N° 280, pág. 99-106. Estella (Navarra) 1999.
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lunes, 29 de julio de 2013
Filosofía intercultural y Fe. ¿Nada qué decir? (2nda parte)
¿Cuáles son los
principales aportes de la Filosofía Intercultural según Raúl Fornet Betancourt
a nuestro tiempo? El rescate del valor de la experiencia, de la práctica, en
fin ¡de la vida! por sobre la teoría y los conceptos; el reconocimiento de una excesiva
validación a la ciencia y al pensamiento científico en desmedro de otras
prácticas consideradas “rituales” o a veces “simples tradiciones”; la denuncia
del conocimiento como propiedad exclusiva de las universidades e instituciones
de investigación descartando de plano la posibilidad del conocimiento en la cotidianeidad
y lejos de dichas entidades; y, por último, y quizás el punto más “actual” es
la importancia de la comunicación y la universalidad en el mundo de hoy, tan
globalizado como lo conocemos.
En las siguientes
líneas se describe cómo el Proyecto de Jesús, hace dos mil años atrás, no difiere
de lo que hoy llamamos Filosofía Intercultural, sino que nos acerca a ella
entendiéndola desde un punto de vista religioso -claro está- pero también
social, pues es necesario recordar que en los tiempos del Cristo lo religioso,
lo político, lo económico y lo social eran una sola realidad, y como sabemos,
la Filosofía Intercultural es importante para pensar lo social.
En primer lugar: la
experiencia es un punto en común fundamental. Pues la Filosofía Intercultural destaca
la experiencia, ya sea como primera fuente de conocimiento, de exploración de
la realidad, como garantía de la realidad, etc. En el Cristianismo se parte de
la base que cualquiera puede conocer a Jesús, pero quien realmente lo sigue y
se convierte a su mensaje es quien ha tenido una experiencia de encuentro con él. Nadie puede amar lo que no conoce.
Si bien cada cual es libre de seguirlo (Lc 5, 28) o no (Mc 10, 22), sigue
siendo esencial esa experiencia personal con Él.
Sobre el conocimiento,
el Nuevo Testamento es bastante categórico al poner en boca del Mesías una
oración dirigida a Dios en la que sitúa el conocimiento en un lugar poco
reservado para ello: los sencillos, los pobres, los pequeños. Dice Jesús “Te
doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a
los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla” (Mt 11, 25).
¿Podría estar más de acuerdo con lo que afirma la Interculturalidad? Hemos
relegado el conocimiento terapéutico de las abuelas o las machi a una simple
mitología y folklore de antaño; hemos dejado de escuchar al “maestro”
carpintero y hemos puesto nuestros oídos en poco experimentados ingenieros y
arquitectos; hemos reemplazado el mejor abono natural por químicos y tóxicos
más económicos y supuestamente más efectivos; hemos dejado de orar, porque no
podemos comprobar a Dios, porque
ningún médico ha encontrado aún, el lugar físico donde se aloja el alma o la
enzima que nos convierte en seres espirituales y sociales ¿Por qué? Porque así
lo avala el conocimiento científico, porque así lo exige nuestro medio
occidentalizado, porque así lo hemos querido decidir.
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domingo, 21 de julio de 2013
Filosofía intercultural y Fe. ¿Nada qué decir? (1era parte)
Hace varios años cursé un ramo en la universidad llamado "Filosofía Intercultural, ciudadanía y reconocimiento".
Estaba en el último año de la universidad y me faltaba realizar un curso electivo. Con la práctica profesional y el trabajo copando casi toda mi disponibilidad horaria semanal, mi primer criterio al momento de escoger un curso era el horario. Finalmente éste ramo se acomodaba a mi rutina y resultó ser el curso que más disfruté y en el que más aprendí. Mérito para los profesores relatores: Ricardo Salas y Mario Samaniego.
Aquí les entrego uno de los trabajos que realicé para el ramo y que desempolvé hace un par de días a pedido de un amigo.
Filosofía
intercultural y Fe. ¿Nada qué decir?
Aunque hoy ambas
disciplinas, fe y filosofía, son vistas como una pérdida de tiempo, como
materia para curas y filósofos (y nadie más), como “adornos y relleno” en la
formación curricular de algunas carreras… sin duda tienen mucho que decir a
nuestro mundo actual. Un mundo que se niega a creer más allá de lo que ve; un
mundo que se niega a pensar más allá de lo que necesita; un mundo que se niega
a relacionarse más allá de las conveniencias.
Es difícil decir
exactamente desde cuando se acuña el término “Filosofía Intercultural”. Tal vez
desde hace una década con los aportes de Franz Martin Wimmer, en Viena. O más
bien desde antes con los trabajos publicados por Raúl Fornet Betancourt en
Alemania, durante los años 1995 y 1998… Pero lo cierto es que el pensamiento de
interculturalidad, con todo lo que ello implica ha estado presente por siglos
en nuestro mundo. Oculto, tímido, opacado e, incluso, oprimido en muchos casos
por las sociedades en las que se ha debido desenvolver el hombre en las
diferentes épocas de la historia de la humanidad.
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