martes, 24 de diciembre de 2019

NUESTRA espera


Estoy atento a la venida del Salvador, con esperanza y alegría. Como seguramente estaba la Virgen esperando. Mi corazón de niño empatiza con ese Niño que va a nacer, me siento niño por esta fecha de nuevo y mi alma, que a veces se oculta de Jesús, por un momento al menos recuerda una Nochebuena de hace años atrás, una cena navideña especial, el olor a pino en la casa, el pesebre de yeso puesto bajo el árbol, las campanas de la “misa del gallo” sonando, el sabor de las galletas de la abuela o el pan de pascua que hacía la mamá. 


Porque si hay una cosa que es clara en esta espera, es que nunca he aguardamos el nacimiento de Jesús solos: lo hacemos en comunidad. No importa si estamos solos físicamente, pues en el corazón alguna persona viene a nuestra mente y eso es suficiente para entender el misterio que aguarda esta fiesta: Dios se nos regala. 


La Sagrada Familia es una comunidad, los pastores no estaban solos, los reyes magos viajaron juntos desde Oriente… ¡Ni siquiera los ángeles cantaron solos cuando nación Jesús! Lo hicieron en comunidad.



Escarbando en la memoria seguramente todos podemos elegir una Nochebuena y a alguien que estaba ahí acompañándome, sentado a mi lado en la cena, abriendo ansioso los regalos conmigo. Tal vez un hermano que se sentaba en la alfombra junto al pino rajando el papel del regalo tan esperado… tal vez alguno de mis padres que bendijo la mesa esa noche de ese año tan especial… o quizá fue un mendigo que encontré en la calle cuando iba raudo a mi casa para cenar y sin embargo él no tenía nada que comer… seguramente compartí una Navidad con mi abuelita que preparó una cena tan rica, que se dio el tiempo de doblar cada servilleta con natural delicadeza… tal vez mi hijo que esperaba un regalo que no pude comprarle… quizá un primo con quien pasé tantas navidades, pero hoy está lejos.



Si soy capaz de encontrar al menos una persona -y de seguro fue así- puedo agradecerle a Dios por ella, por el regalo que es su vida, y sobre todo, porque tuve el regalo de esperar juntos el nacimiento del Niño Dios en nuestro mundo. Y lo presencio en el amor de mis seres queridos.



Gracias Señor, porque nacerás… ¡porque NOS nacerás!