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viernes, 27 de julio de 2018

DIAGNÓSTICO EQUIVOCADO


Todos los colegas dicen que tienes déficit atencional, que no eres bueno en los estudios, que te cuesta, que tal vez no pases de curso, que esto, que lo otro... Pocos ven lo que yo veo. Solo yo soy testigo de lo orgulloso que estás de haber ganado el premio de religión el año pasado y de lo decidido que estás a ganártelo nuevamente. ¡Esa es determinación!

¿Déficit atencional? Lo dudo. En misa eres de los pocos que se concentra en lo que pasa sobre el altar. Corrijo: SOLO te concentras en lo que pasa sobre el altar. A tu lado todos hablan, se ríen, conversan. Alrededor puede caerse el mundo, pero tú estás tan inmerso en el milagro que sucede frente a ti, que nada parece perturbarte. Es tanta la concentración en la eucaristía que, casi como flotando, te sales de la fila, y te acercas muy lentamente hacia el altar hasta que algún profesor debe decirte “F, vuelve a tu puesto”. Solo ahí reaccionas, pero no te importa, y está bien que así sea, porque estás consiente de lo realmente importante: el milagro de la presencia de Jesús en medio nuestro por medio de la eucaristía.

¿Déficit atencional? ¡Definitivamente no!
¿Existirá algún nombre para lo que tú padeces? Me arriesgo en diagnosticar una profunda necesidad de descubrir a Dios en lo más sencillo y una focalización única en lo realmente importante.

Gracias por sufrir este “mal” que tan bien nos hace, querido "F".

viernes, 9 de febrero de 2018

LUCHAS DE EGOS (El Papa VIII)



Previo a la visita del Papa estuve con mucha gente que me contó alguna función que desempeñaría en dicho evento: ministros de comunión, producción, coro, liturgia, escenario, difusión, voluntarios papales, coordinador de esto, jefe de aquello, organizador de esto otro… y el etcétera es interminable. ¡Claro! Si un evento de dicha magnitud necesita de mucha gente que esté al servicio de dicha actividad. Y qué alegría que haya tanta gente dispuesta a asumir esos servicios. Sin embargo cada vez que alguien me contaba que estaría en alguna de esas situaciones, me parecía más lejana la palabra “servicio”. Veía rostros de “estoy orgulloso” (con justa razón), de “esto es fruto de mis méritos” (tal vez), de “soy sumamente importante” (claro que no).

Desde hace muchos años que vengo siendo testigo de esta realidad en la Iglesia y me duele mucho. Al parecer tenemos tantos accesorios a nuestra fe, que se nos olvida volver una y otra vez a lo más importante: Jesús. Pero muchas veces el egoísmo nos gana y no nos damos cuenta. Durante la visita de Francisco lo experimenté: a los voluntarios nos enviaban de un lado a otro a cumplir tareas que cualquiera de los que nos enviaba podría haber hecho, pero la comodidad de la autoridad era muy fuerte; y la lucha de egos, mayor aún.

Cuando estamos al servicio de Jesús, no podemos sentirnos autosuficientes o triunfadores. No podemos creer que la fe un don y nada más, porque todo don implica una tarea. El mismo Cristo nos enseña que el más grande es el que sirve, y que ahí radica su grandeza; nos enseña que debemos sentarnos en el último puesto del banquete para que nos inviten a la primera fila; nos enseña que los últimos serán los primeros.

Agradezco a todas esas personas que ejercieron algún servicio en la visita del Papa de manera humilde, silenciosa, alegre y con disposición. Y espero, de corazón, que quienes se sintieron (nos sentimos) orgullosos, merecedores e importantes, cambien pronto su mirada, por el bien de nuestra Iglesia, que padece del mal del egoísmo. El Papa, mayor autoridad de la Iglesia, se reconoce pecador y poca cosa ¿Qué ejemplo más claro que ese?


sábado, 4 de febrero de 2012

PAPÁ

En diciembre de 2010 participé de la Peregrinación de Confianza de la comunidad de oración Taizé, semana en la cual pude grabar en mi corazón la importancia de entender que Dios es ternura y que no hay temor que deba envolvernos si nos arrojamos a Sus brazos.

Hace unos días tuve la bendición de conocer, junto a unos muy buenos amigos, el Monasterio de la Fraternidad Abbá Padre ubicado a unos kilómetros de Pucón, Chile. El lugar envuelve y acoge con su infraestructura sencilla, pero cargada de sentido y una magia muy especial que es alimentada por un paisaje típico de la zona lacustre de la Araucanía a la sombra del volcán. Lugar donde sopla el "ruah" fuertemente y acaricia al peregrino que llega.



La hermana que nos recibió nos contó que las Monjas del Abbá Padre fundamentan su carisma en reconocer que Jesús vino a dar un mensaje claro: Dios es Papá. No "padre", sino papá. Pues con esa expresión aramea (textualmente) se dirigían los niños judíos a sus padres, y se refería con confianza y cercanía el Señor a Dios Padre. 

Con estas palabras -motivo de escándalo para fariseos y saduceos de la época- resaltaba esa estrecha relación con Él, de la cual nos quiere hacer partícipes cuando nos enseña a rezar (Lc 11, 2); con estas palabras nos quiere recordar que Dios es un papá bueno y cariñoso que nos ama por sobre todas las cosas, que sus manos a veces son ásperas, pero sobre todo acogedoras; que sus brazos son fuertes, pero sobre todo abiertos; que su mirada es vigilante, pero sobre todo protectora; Jesús nos viene a recordar que Dios es ternura.


jueves, 17 de noviembre de 2011

REbOLUCIÓN

“La lucha está en la calle ¡A las barricadas!” está escrito en una pared cerca de mi casa. Siempre lo veo y pienso en rayar bajo esa reseña:

No, amigo mío, la verdadera lucha está en el corazón, está en lo pequeño, en cada acto que realicemos o dejemos de hacer. En cada decisión que tomamos se desarrolla una revolución o se duerme un futuro.


¡Basta de revoluciones erradas, mal escritas y mal llevadas!


El Padre José Kentenich lo dice claro: la verdadera revolución es la revolución del interior.

sábado, 24 de septiembre de 2011

SANTA Y PECADORA



“Santa y Pecadora”. Así nos denominan algunos a nosotros, la Iglesia.
Otros más crudos no vacilan en llamarnos "santa y p*ta", o "la p*ta de Babilonia"...

Lo que está claro es que somos un Pueblo de Dios, y al ser de Dios somos SANTA; pero también somos un pueblo constituido por personas, y al ser formado por personas, somos PECADORA. El mejor ejemplo -y fundamento- de esto lo encontramos en la persona de Pedro. Él representa plenamente a la Iglesia.

Pedro es humano. Es una persona normal, pequeño, sencillo, débil. Es el principal seguidor de Cristo y, aún así, es quien lo niega antes de verlo morir en la Cruz. Esa negación es el mejor signo de cuan poco fieles somos al Señor como Iglesia. En esa negación encuentran su fundamento los pecados de la Iglesia, las faltas, los crímenes... los errores de la iGLESIA... con esto no sólo me refiero a los sacerdotes pederastas, sino a los errores de todos nosotros; desde copiar en las pruebas o decir una “mentira blanca”, hasta los errores de políticos católicos que aprueban la ley de aborto, o de algunos grandes empresarios que no pagan un sueldo digno a sus trabajadores, por ejemplo.

Es también, sin embargo, Pedro quien reconoce a Jesús como el Mesías cuando Él les pregunta “¿Quién dicen ustedes que soy?” (Lc 9,20).
Como Iglesia no nos cansamos de reconocer en Cristo al Salvador, de proclamar a Jesús como Aquel que trae el consuelo, la paz y el amor. No nos cansamos de anunciarlo a Él como la Verdad.
Pero, luego del encuentro con Cristo Resucitado, Pedro no deja de anunciarlo (Hech 2, 38) hasta los últimos días de su vida. A diferencia de Judas, Pedro sí se perdona a sí mismo y sigue fiel al Señor.

Quedémonos con la fidelidad de Pedro y no con su pecado; quedémonos con la fidelidad de la iGLESIA y no con su pecado. Porque si Cristo perdonó a Pedro ¿por qué no podríamos perdonarlo nosotros?



lunes, 18 de abril de 2011

LUNES DE RAMOS


Hoy se acaba de celebrar el Domingo de Ramos en el Colegio (Sí, ya sé que es lunes).
¡Qué hermoso asegurarnos de que ningún niño se quede sin haberlo celebrado! Porque, si no lo celebró ayer junto a su familia, es una alegría que lo pueda celebrar hoy con sus amigos. Y si ya lo había celebrado ¿le hará mal hacerlo nuevamente?

En una ceremonia sencilla, pero cargada de simbolismo un representante de cada curso se encargó de llevar un ramito para que fuera bendecido y luego llevarlo a su sala.

Hace unos días dos amigas que son Educadoras de Párvulos, me preguntaron cómo trabajar la Semana Santa en los niños. Recién hoy les respondí, porque no había tenido mucho tiempo, porque a ratos se me olvidaba y, principalmente, porque no sabía muy bien qué responderles.

Mi respuesta fue que intentaran simbolizar cada día de la Semana Santa con un símbolo concreto y especial, porque para los niños y niñas de pre-básica es necesario tener signos que puedan relacionar con alguna idea.
Para mí uno de los símbolos más importantes y representativos de la Semana Santa y del amor de Cristo por sus discípulos, es el lavado de pies. Un acto de humildad único en la historia que corona una vida de entrega y sencillez en Jesús. Un acto que nos invita a servir; un acto que nos invita a amar profundamente, hasta darlo todo.




Les cuento, para terminar, una graciosa anécdota que me contó un Profesor del Colegio sobre la celebración del Domingo de Ramos hace un año.
El Profesor le preguntó a su curso "Niños ¿Por qué recibían a Jesús con ramos cuando entró a Jerusalén?". Uno de los niños levantó la mano y respondió muy seguro "Porque en ese tiempo no habían pompones".

viernes, 18 de marzo de 2011

PEQUEÑOS SALUDOS


Desde que comencé a hacer clases en el Colegio pensé que el blog se me llenaría de historias y que no tendría ni siquiera tiempo para escribir, pero no ha sido así...

Aunque lo pienso y me doy cuenta de que pasan y me pasan muchas cosas en los pasillos, en el patio y en el aula, pero no escribo nada sobre ellos, porque son cosas muy pequeñas. Sin embargo, cuando me paseo por la Básica y escucho y observo todo lo que los niños hacen, me lleno de alegrías y risas.

Hoy, pasé por el medio del patio y un grupo de niños de alrededor de ocho años jugaban un partido de fútbol enérgicamente. Al costado de la "cancha" un niño, a pesar de su profunda atención sobre el partido, no se involucraba mucho. Pasé junto a él y escuché que relataba cual comentarista deportivo, muy concentrado cada momento del duelo.



Los niños gozan de esos momentos como nadie sabe hacerlo.
En esas pequeñas cosas veo que Dios me saluda en el día a día, y a diferencia de hace un rato, creo que vale la pena publicarlo.


PD: ¡¡Gracias por las 5.000 visitas!!

sábado, 27 de noviembre de 2010

NACE UN REY

Hoy comienza Adviento.. se avecina la Navidad, el nacimiento del Niño Dios.
Esta canción tan llena de ternura como de sabiduría, es realmente reflejo de lo que significa esta época.




Ya cae la noche tranquila,
la noche que te vio nacer,
y mi alma se aquieta y espera
vivir un momento de paz.

De nuevo he cerrado los ojos
queriendo tu rostro encontrar,
buscando un pesebre en Belén,
buscando sentir su calor.

De Ti es de quien se habla, de un Rey,
de un reino que no tiene fin.
Y tan pobre que naces, Jesús;
yo tampoco te he dado un lugar.

Mil veces te pido perdón,
me acerco y me postro ante Ti
y mi alma, un pobre pesebre,
hoy se abre y te acoge feliz.

En Ti se a gestado el milagro
que llena la noche de luz,
que hace de un frío pesebre
la cuna más bella que hay.

De ti es de quien se habla de un rey...

lunes, 15 de noviembre de 2010

LA IMPORTANCIA DE LA ORACIÓN

A veces, como todos supongo, dudo de la efectividad de la oración.
Dudo de la efectividad de ese "el que pide se le dará (Mt 7,7)".
Seguramente en ese afán por encontrarle un sentido a la oración como petición he descubierto algo más importante aún:

Cuando uno reza y pide a Dios -con o sin esperanza de que esto se cumpla- en verdad uno está reconociéndose pequeño, está reconociéndose hijo, está declarando que no puede sólo y que necesita de Alguien; está asumiendo su vulnerabilidad.

Alzar nuestra mirada y rogar a Dios es decir "Padre, soy hijo. Padre soy tu hijo".
Decir "Me confío en Tus Manos, porque soy débil y sólo no puedo".
Rezar es reconocerse pequeño.

A mi juicio, eso es lo más importante de la oración; no esperar que Dios cumpla lo que uno le pide, sino esperar crecer en filialidad a Él.




Dedicado con cariño a todas mis compañeras que a esta altura del año piensan en sus propias fuerzas, en sus méritos, en lo difícil de este camino. Confíense. Recen.
¡Ánimo!

martes, 26 de octubre de 2010

HERMANA DUDA (Parte 4 y final)

Pero ¿qué podríamos encontrar de positivo en la duda, entonces? Por un lado, como dije antes creo que nos mantiene inquietos y, por lo tanto, en búsqueda… y eso ya es bastante.
Pero principalmente creo que la duda nos invita a reconocernos pequeños y necesitados de la guía u orientación de otro. Nos llama a abandonarnos en los brazos de otro más grande y confiar en él. Ese otro puede ser un amigo, un familiar, una polola… sin embargo, casi siempre finalmente la respuesta la encontramos en Dios. Ese Otro que siempre es más grande que nosotros y en Quien confiamos nuestra vida con toda confianza.

Cuando la duda evoluciona en confianza, está a un paso de convertirse en fe.

sábado, 11 de septiembre de 2010

iGLESIA CON MINÚSCULA

Siempre escribimos Iglesia con mayúscula. Personalmente, incluso he corregido a muchos amigos cuando lo escriben con “i” minúscula…
Hoy creo que, como Iglesia, nuestro gran error en la escritura tiene que ver con nuestro gran error en la vida.

Como iglesia nos hemos olvidado de ser pequeños, nos hemos olvidado de que no somos el Reino de Dios, de que no somos La Salvación… escribimos nuestra iglesia con una “I” muy grande, pero ante otros credos no vacilamos en escribir su nombre con minúscula.

Como iglesia nos falta abrirnos a las demás creencias, no digo que apostatemos y nos convirtamos en adeptos de una ética mundial como propone Hans Küng, pero sí tomo como fundamental uno de sus principios: No hay paz mundial sin paz religiosa.

Finalmente -y he aquí lo más grave- como iglesia católica hemos olvidado a aquellos cuyo nombre se escribe con minúscula: los pOBRES… si es que alguien se atreve a escribirlo sin miedo a ser tildado de comunista, socialista o populista.

Escribamos iglesia con “I”, pero no sólo refiriéndonos a la nuestra.
Y por sobre todo escribamos con mayúscula el nombre de los pobres, y escribámoslo a fuego en nuestros corazones.

jueves, 26 de agosto de 2010

LUJO DE UNOS POCOS

En clases de Antropología Teológica, mientras hablábamos sobre la diferencia entre el hombre y el animal, descubrimos algunas cosas.

El hombre actúa desde la razón.
El animal actúa desde el instinto.
El hombre, por la razón, toma conciencia de su propia vulnerabilidad.
El animal, por el instinto, simplemente persigue su propia supervivencia.
El hombre, por lo tanto, necesita salir al encuentro de otros. Se da cuenta de que necesita de los otros y de que otros necesitan de él.
El animal vive su vida sólo, a veces en comunidades de protección mutua y conveniencia, pero siempre marcada por la soledad y el egoísmo.

El hombre y la mujer, por lo tanto, están llamados al encuentro y no al egoísmo, ni menos a la soledad. El egoísmo es un lujo que sólo los animales pueden darse.

Sólo me queda preguntarme, después de mirar un poco la realidad ¿cuántos animales disfrazados de humanos viven entre nosotros?





jueves, 19 de agosto de 2010

TODO ÁRBOL FUE SEMILLA

Para muchas personas uno de los misterios más grandes es la creación del mundo y el origen del hombre. Por un lado es explicada por la fe a través de las Sagradas Escrituras con el relato de Adán y Eva; y por otro, a través de la ciencia con la teoría del “Big-bang” y la evolución según Darwin.

Pero estas dos posturas ¿se oponen realmente? ¿No tienen acaso un importante elemento en común? La vida del hombre está marcada por la necesidad de construir desde lo pequeño, de menos a más. El mismo Cristo nació pobre y pequeño en un pesebre en Belén para, más tarde, mostrarse en su gloria ante los apóstoles en el Tabor y ante la humanidad tras la Resurrección y Ascensión.

La vida de Jesús no es más que un reflejo de la vida e historia de toda la humanidad desde sus comienzos: inicia desde lo más básico hasta llegar a lo más complejo; todo hombre debe trabajar duro y ahorrar peso a peso para hacerse de un patrimonio y riqueza considerable; toda relación de amor parte con una mirada o una palabra para transformarse en una familia, todo santo alguna vez fue pecador; todo árbol semilla; todo incendio chispa… Todo evoluciona para llegar a su plenitud, es la historia de la humanidad.

miércoles, 4 de agosto de 2010

JOSÉ ALBERTO

Si hay algo que me llamó la atención de las Misiones Familiares a las que asistí en Julio fue el hecho de ver a niños tan pequeños participando de igual a igual conmigo, o con sus papás...
Para ser misionero y llevar la palabra de Dios no es necesario tener una edad determinada ni una preparación tan profunda. Sólo se necesita saber que Cristo nos pide amar a Dios y a nuestros hermanos tanto como nos amamos a nosotros mismos, y para un niño eso es mucho...

Después de todo ¿por qué habría Dios de necesitarnos sabios o mayores, si para Él esas categorías humanas no son más que eso? Es decir, Dios va más allá del tiempo y de las facultades intelectuales... o de cualquier otra cosa. Que ilusos somos al querer definirlo, etiquetarlo, nombrarlo, verlo, representarlo...

Para Dios no hay edad.

sábado, 3 de julio de 2010

EL PERDÓN DEL CRISTIANO

¡Qué fácil es pedir perdón en lo secreto aún cuando el error cometido fue público! ¿Qué tan justo es eso?

El bueno pide perdón en privado si el error cometido fue en privado.
El bueno pide perdón en público si el error cometido fue en público.
El cristiano pide perdón en público si el error fue en privado.

jueves, 22 de abril de 2010

LA VIRGINIDAD DE MARÍA (2nda parte)

Pero ¿Qué tiene de relevante o de valioso que María sea virgen?

Ser virgen hoy en día es una locura, es ser “perno”, es ser anticuado y no saber “aprovechar la vida”.
Ser virgen hace algunos cuántos años era ser soltero aún, era estar preparado perfectamente para la vida consagrada o sacerdotal… o bien, ser un solterón o solterona.
Ser virgen en la época de María era ser “no fecunda”, era no obedecer al mandato de Dios de tener descendencia (Gn 1, 28; 9, 1. 7). Para los judíos es importantísimo tener muchos hijos y honrar a Dios de esa manera, dándole familia. Ser infértil es para ellos una de las más grandes desgracias.
El hombre y la mujer están preparados y creados para tener hijos. No tenerlos es, en cierta medida, renunciar y desprenderse de su mayor don.
Ser virgen, entonces, es ser “yerma”, infértil, ser débil, ser frágil, depender de alguien… ¡Que mejor manera de ejemplificar la entrega de María a Dios Padre! Luego de tener a Jesús no tuvo más hijos y así se mantuvo como siempre: pequeña, entregando al Señor más de lo que le pidió (que ya era una gran tarea), abandonada totalmente en sus manos…

Si Dios siempre se vale de lo pequeño para dar vida a lo más grande ¿Por qué habría de ser diferente con María? Ella, la que se hace pequeña, es la Reina de todo lo Creado.

jueves, 4 de febrero de 2010

Hormigas

Hoy me di el tiempo de mirar una hilera de hormigas. Cada una se guiaba por el paso de la otra. De vez en cuando chocaban con las que venían en sentido contrario y se daban la licencia de detenerse, juntar sus antenas y luego seguir su camino. Todas iban al mismo paso. Todas eran iguales. Todas iban por un mismo camino…
Cuando ya me disponía a quitar la mirada y abandonar el “perfecto” espectáculo vi a otra hormiga que estaba lejos de la ruta. Tengo entendido que para no perderse siguen un rastro químico que dejan con sus patas o antenas, pero aún así siempre hay una o dos que se pierden. La observé por largo rato y nunca encontró el camino de regreso… espero de corazón que lo haya descubierto después.

¿Por qué se pierden si su camino está trazado desde el comienzo? ¿Depende este camino de la primera hormiga de la fila? ¿Qué las puede separar de la hilera tan claramente definida? ¿Puede encontrar el camino sola?

Esa hormiga representa a la “excepción que confirma la regla”. Al fruto prohibido del Paraíso. Al Lucifer del Cielo. Al "veranito de San Juan". Al punto negro del signo del Ying-Yang…

Nada es perfecto. Pero todo puede serlo.

Así como toda hormiga se puede perder del camino, toda hormiga puede volver a él.

viernes, 22 de enero de 2010

Mi experiencia personal de Fe (ensayo 1)


En el ramo "Teología Fundamental" que rendí el año ante-pasado se nos pedía hacer reflexiones sobre los temas tratados en clases a través de ensayos.
El primero de ellos fue este, escrito en Agosto de 2008:



Para hablar de mi experiencia de fe me es imposible no referirme antes a mi experiencia de Dios ¡Y que difícil siquiera comenzar a pensar en esto! No porque sea muy poco lo que puedo decir, sino, precisamente, por lo contrario. ¡Es tanto lo que Dios me entrega y se me entrega a lo largo de mi vida! Quisiera, por lo tanto, comenzar por eso. Dios, como un Dios omnipresente. Durante estos años que he querido trabajar con dedicación para el Señor lo he visto presente en cada minuto, a pesar de no ser yo siempre un instrumento que se abandona en Él, como el barro al alfarero o el timón al capitán. Dios me ha hablado en cada instante de mi vida y lo he escuchado muchas veces, pero muchas no lo he querido escuchar y otras ni siquiera he notado que está ahí, pero sé que siempre ha estado, y tengo fe en que así será incondicionalmente. Lo he aprendido a descubrir, de manera especial, en las cosas pequeñas y dejar de buscarlo en el fuego o en el trueno, en el temblor o el huracán, sino que he querido esforzarme por hallarlo en lo débil, en lo pequeño y sencillo, en el susurro, en la brisa, en el silencio de la oración, en una sonrisa, ese don que, como San Alberto Hurtado decía, es tan preciado y que nadie es tan pobre para no poder darlo y tan rico para no necesitarlo… Y es que Dios me ha enseñado algo fundamental en la vida, y es entender y tomar conciencia de cómo Dios siempre nos interpela, nos llama, y nos habla gratuitamente, y no me refiero con esto sólo mirando la historia de Israel, sino que en cada minuto de mi vida. He logrado entender que tanto, una hoja que cae de un árbol, la elección de un nuevo papa, o el Milagro de la Eucaristía es voz de Dios. Dios está presente en todo momento, aunque no podamos verlo. Se hace presente en lo pequeño y, por si eso fuera poco, se hace pequeño y entrega su vida por nosotros. Lo hizo hace dos mil años y lo hace a diario en el altar. Él, que es Dios, se hace débil y se humilla y muere por mí.

En segundo lugar he podido descubrir la cara materna de Dios. Obviamente en mi Reina y Madre hermosa, María, porque Él también está presente en esa Persona que fue Tabernáculo Vivo… Pero más allá de eso. He visto siempre a Dios como un Padre, pero sólo porque así nos ha sido enseñado desde siempre, pero sé que Él también es Madre, desde mi perspectiva es más Madre que Padre. Su rostro femenino me es más significativo y sé que esa percepción tiene que ver con mi propia historia de vida […], pero ha sido así como Él se me ha mostrado, se me ha revelado: como esa persona cariñosa, que está siempre atento a lo que yo, su hijo, hago o dejo de hacer. Esa persona que sabe educarme sin dejar de dignificarme, mostrándome siempre el camino y haciéndome entender que su querer es y debe ser el mío también. Dios es Padre y también Madre.

Un Dios que es Iglesia y que es signo de alegría. […]
Es un Dios que siempre tiene algo nuevo que mostrar y que hace nuevas todas las cosas. Y que importante es en mi vida el poder renovarme en mis compromisos con Él y María constantemente. Nadie puede decir que Dios “está pasado de moda” o que en relación a Él siempre es más de lo mismo. […]

Es ese el Dios en quien creo, en quien tengo fe. Porque no se puede hablar de fe sin hablar de creer. No sé cuál será la definición de esa palabra -tan pequeña y grande a la vez- según el diccionario, pero me quedo con las palabras de San Pablo al reconocerla como la garantía de lo que se cree, la espera de lo que no se ve (Hb 11, 1). Porque se sabe que la fe no es algo racional, entendiendo esta “irracionalidad” no como algo sin sentido -muy por el contrario-, sino como algo que la razón no es capaz de explicar, que el lenguaje no es capaz de expresar con sus códigos humanos. Tampoco se debe entender que es algo totalmente de sentimiento, aunque sin duda algo de eso hay. La fe es ese tesoro que llevo en vasos de barro, que refleja inseguridad, porque la fe es amor y el amor -y de esto no cabe duda alguna- no tiene relación con la razón. La fe es como una relación amorosa, pero en la que uno puede fallar pero ella no fallará y constantemente me perdonará y hará una fiesta si vuelvo a su Casa. Desde este punto de vista la podríamos comparar con una relación padre-hijo, pero la gran diferencia está en que uno si puede decidir su fe (sin considerar el contexto geográfico-cultural natal) así como puede decidir una relación en contraposición de la relación paternal-filial. Esto no significa que uno puede elegir que creer, así como tampoco puede elegir querer o no a alguien; no obstante sí puede cultivar esa fe en la que cree, así como puede cultivar ese amor que siente.

Por lo tanto la fe está lejos de ser certezas, más bien, me ha generado dudas constantemente, sobre todo en el plano escatológico: ¿Qué pasaría si al morir no existiera realmente otro mundo? Si el Dios que yo adoro no es el “verdadero” y soy juzgado por otros dioses ¿seré salvo?, etc… No creo que sea sano no hacerse estas preguntas alguna vez a lo largo de mi vida de fe, siempre cuando actúe en nosotros esa santa relatividad que sea capaz de hacernos cuestionarnos siempre para encontrar una respuesta clara anclada en Cristo y en mi propia fe.

Se hace muy difícil, entonces, definir qué es la fe, sin embargo tengo muy claro lo que no es: la fe no es, en primer lugar, signo de seguridad. No es tampoco signo de racionalidad. No significa grandeza. No es respuestas.

Me atrevo a decir que la fe es esa “energía” -porque no la definiré como una “idea”, ni como un “sentimiento”, ni nada sustancial, claro está- que me lleva a actuar de una determinada manera y que da sentido a mi vida.