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martes, 1 de septiembre de 2015

PREGUNTAS Y RESPUESTAS

Niña 7° básico, lunes 8.40 hrs.
Clase de Religión


Finalmente responde ¿De cuál de las personas de la Trinidad te sientes más cerca? ¿Por qué? ¿Cómo podrías vincularte más con las otras dos restantes?

Me siento más cerca del Hijo, ya que siento que es pequeño como yo y que crecemos juntos.
Creo que podría vincularme más con los otros dos si me acerco todavía más al hijo y además haciendo buenas acciones.





domingo, 23 de septiembre de 2012

CO-CREADORES ¿CO-DESTRUCTORES?

Recuerdo de las clases de Trinidad que nos decían que ésta tiene dos procesiones, es decir, que dos personas de la Santísima Trinidad provienen de otra(s): El Hijo proviene del Padre; y el Espíritu Santo proviene del amor entre el Padre y el Hijo.

Si el Padre y el Hijo crean o provocan el Amor, y si hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, no es tan difícil entender que nosotros también creamos, es decir, somos co-creadores, vamos co-construyendo este mundo mediante la vocación que Dios nos regala a cada uno.
Por lo tanto nosotros también creamos o provocamos amor ¿verdad? No ese Amor (con mayúscula) que procede del Padre y del Hijo, sino el amor de padre, de hijo, de hermano, de pareja... Con un gesto pequeño, una mirada, una sonrisa, con alguna caricia sobre una herida o quemadura, o unas flores enviadas a la puerta de la mujer amada, vamos creando el amor en la otra persona, y vamos creando una relación de amor de menos a más. ¡Qué hermoso es ser parte de eso! ¡Qué mejor regalo que crear y cultivar el amor! Y no podía no ser hermoso si es un don divino realmente: somos capaces de crear el amor.

Me pregunto ahora ¿Dios es capaz de destruir el Amor? ¿Dios haría eso alguna vez? La pregunta de fondo de todo esto (y a la cual aún no encuentro respuesta y ansío descubrirla pronto) es ¿podemos nosotros destruir el amor? ¿Se acaba el amor? ¿adonde va?

Hoy todo apunta a que sí podemos destruir el amor, con un "no", con un "no puedo", con un "adiós"...
:(
ojalá me equivoque

martes, 7 de septiembre de 2010

PERDÓNEME, SAN IRENEO, PERO...

En el ramo "Trinidad" hemos leído una frase de San Ireneo que a mis compañeros y a mi profesor les encantó. San Ireneo dice de la Trinidad que el Hijo y el Espírtu Santo son los dos brazos del Padre.

Como Iglesia hemos sido, por años, esclavos de esta perspectiva patriarcal de la Trinidad y, hoy, que nos acercamos cada vez más a una concepción de Dios Trino como comunidad perfecta, hoy que nos acercamos a entender la perijóresis a pasos agidantados con el aporte de teologías latinoamericanas y mundiales de carácter liberacionales, este tipo de afirmaciones no hacen más que impulsarnos a un retroceso gravísimo.

Dios es comunión y lentamente lo hemos ido comprendiendo... perdóneme, San Ireneo pero creo que la Trinidad no es una Persona con dos brazos, sino Tres con un sólo corazón.


lunes, 31 de mayo de 2010

LA TRINIDAD Y EL POBRE ESPÍRITU SANTO

Solo un comentario sobre la celebración de ayer: la Santísima Trinidad.
El padre dijo ayer en la prédica que cuando rezamos el credo hablamos mucho del padre, mucho del hijo, pero de la tercera persona de la Trinidad sólo decimos "creo en el Espíritu Santo".
Yo creo que decimos mucho más. De hecho en todo lo que decimos después, está presente el Espíritu:
"Creo en la Santa Iglesia, templo del Espíritu"
"Creo en la comunión de los santos, por la unidad del Espíritu"
"Creo en el perdón de los pecados, por la acción del Espíritu"
"Creo en la Resurrección de los muertos, por la fuerza del Espíritu"
"Creo en la Vida Eterna, en el Espíritu"

Amén.-

sábado, 22 de mayo de 2010

MOVIDO POR EL ESPÍRITU

A veces me siento un poco obligado a escribir alguna entrada de acuerdo al tiempo litúrgico en que estamos… ¿será el tiempo litúrgico realmente o será la fuerza del Espíritu? Ambas cosas aplican para escribir ahora.

Mañana celebramos la fiesta del Espíritu Santo, la fiesta de la Misión, la fiesta de la Iglesia. En definitiva, mañana celebramos Pentecostés.

Mucho se puede decir de esta fecha: hablar de la Misión de la Iglesia y, sobre todo en estos tiempos, de cómo la Iglesia no ha sido fiel a esa tarea; se puede hablar de la labor de María en medio de los discípulos, quien los congrega en medio del temor y la angustia por la ausencia del Maestro; se puede mencionar el siempre atractivo paralelo Babel-Cenáculo y las lenguas que nos dividen o el idioma del amor que nos une…
Creo, sin embargo que para entender Pentecostés es necesario entender qué es el Espíritu Santo: El “pariente pobre” de la Santísima Trinidad; la parte femenina de Dios; el protagonista de Pentecostés, la fiesta de la Iglesia Cristiana.

El Espíritu Santo no es ni pariente ni pobre.
No es pariente, porque es parte de la Trinidad y es, por lo tanto, Dios mismo.
No es pobre, porque ha estado presente en los momentos más decisivos de la historia del Pueblo de Dios desde el principio de los tiempos. Bíblicamente el Espíritu –sin desmentir la preexistencia de Jesús– es protagonista del Pentateuco antes que el Hijo.

¿Podría ser la figura femenina si es María su esposa? Así como la Iglesia es Esposa de Cristo –y antes Israel de Dios– María y el Espíritu Santo han sido reconocidos por su relación esponsal por mucho tiempo por los católicos.

La fiesta de Pentecostés marca el hecho fundante de la Iglesia, pero –como otras tantas– la hemos heredado de la cultura judía, quienes coincidentemente 50 días después de la Pascua vivían la Fiesta de la Cosecha en que se ofrecían las primicias de los frutos de la tierra. Era un día de acción de gracias.

Está claro que
Sobre el Paráclito se puede decir mucho.
Sobre el Ruah se puede decir mucho más.
Sobre el Pneumos se puede decir mucho más de lo que se sabe.
Está claro que
La propia experiencia de Dios-Espíritu es determinante para conocerlo.
La propia experiencia de Dios-Espíritu es determinante para conocerlo y amarlo.

¿Quién –no “qué”– eres Espíritu Santo? Eres el alma de mi alma.
Que este Pentecostés sea como la fiesta judía: que ofrezcamos nuestros mejores frutos, nuestra mejor cosecha.
Que este Pentecostés sea como la fiesta cristiana: que anunciemos al Señor hasta en los más lejanos lugares, que no haya un lugar en la tierra donde faltes Tú.

martes, 2 de febrero de 2010

“La Manzana” y la Trinidad (ensayo 4)

Uno de los últimos ensayos del ramo fue este. Intenta relacionar el filme árabe "La manzana" con la Trinidad ¡Wow, que dificil!
Fue escrito en diciembre de 2008:


En la película-documental de Samira Makhmalbaf “La Manzana” se muestra con claridad lo importante que son las relaciones interpersonales en la vida de toda persona, lo importante que es que el concepto de alteridad se lleve a la práctica. El filme expone como una madre ciega hace que los otros (sus hijas y esposo) vivan la misma desgracia que ella y se hagan parte de su “yo” de manera negativa, proyectando su desgracia en ellos, especialmente en sus hijas Massoumeh y Zahra, quienes a causa de esto pierden la capacidad de identidad, desconocen el mundo fuera de su casa; desconocen a otros aparte de su madre Soghra y su padre. Este último, sin duda juega un rol fundamental, ya que él podría regalar esa identidad a sus hijas, como lo hace el Padre en la Trinidad.

Por lo tanto, he aquí dos problemas que conllevan a uno mayor. El primero: la falta de identidad de las niñas y, además, del padre debido al egoísmo de la madre; el segundo: a causa de no conocerse a sí mismas, las niñas no tienen la capacidad de conocer a los demás; y, por último, sin duda esto lleva a la falta de relaciones interpersonales en ellas y a una gran dificultad a la hora de comunicarse una vez que han salido de la casa.



Sin embargo, el final resulta alentador demostrando que el ser humano está hecho para la relacionalidad. Cuando las niñas se encuentran con otros niños, con un perro o con el mundo en general, tienen grandes dificultades para desenvolverse, pero luego de compartir con otros -especialmente con las dos niñas que las pasean por la ciudad- descubren el cariño, la amistad, la alegría. Después de ver la cruda imagen de la madre sujetando las manos de sus dos hijas fuertemente para que no las separaran al inicio del filme, me impresionó la imagen de Massoumeh regalando una manzana a una de sus nuevas amigas, a pesar de que esta se negara a jugar con ella y cómo esta le responde con un beso. Esa manzana fue la fuente de la relación que por fin pudo liberar a las niñas de su encierro. En paralelo, sin embargo, se desarrolla otra relación igual de relevante que la anterior: la del padre consigo mismo al conversar con la asistente social y, cortando los barrotes de su puerta, tomar conciencia del error que estaba cometiendo, no sólo con su familia, sino en primer lugar con su persona al vivir la vida de alguien más, en este caso, su esposa.

Es, entonces, solo en el final del filme cuando se entiende la razón de porqué las niñas riegan una planta diariamente desde la reja de su casa, y es signo de que a pesar de su falta de libertad y de conocimiento del mundo exterior, ellas, como toda persona humana, responden a su condición natural de ser dadoras y constructoras de vida, responden a ese don gratuito regalado por Dios. La consecuencia de quien no responde a la vida, de quien no ve al otro como un “tú”, sino como un “ello” –en términos de Buber- queda manifestada en la madre quien, finalmente se queda sola.

La Trinidad, por lo tanto, es un Dios que se relaciona, consigo mismo y con los otros (los hombres) y, al igual que a Massoumeh y Zahra, nos interpela a todas las personas a responder a nuestra naturaleza humana como lo hizo Jesús: saliendo al encuentro verdadero del otro, regando esa planta, regalando esa manzana.

jueves, 26 de noviembre de 2009

Primer Verano, parte V (María ¿Quién eres?)

Dios Padre la elige como Hija.
Dios Hijo la reconoce como Madre.
Dios Espíritu Santo la bendice como Esposa.

¿Quién es para mí María?
Jesús le pregunta directamente a sus discípulos “Y ustedes ¿Quién decís que soy?” (Mt 16, 15).
Tal vez para los apóstoles no estaba tan claro quien era Jesús. Lo seguían porque lo admiraban, porque les brindaba seguridad, porque valoraban sus milagros, porque les asombraban sus palabras, porque los educaban sus parábolas… porque creían en Él.

María nunca nos ha interpelado de tal manera, y es porque su misión es clara: ser Madre de Dios a través de su Sí.

Pero ¿no tenemos acaso como hijos de Dios la misma misión que María? ¿No es María para nosotros -en primer lugar y entre tantas cosas- un modelo a seguir?
Sin duda que sí. Además se nos ha heredado la misión de la Virgen como describe tan hermosamente el Padre Hernán Alessandri en “Nuestra Misión, ser Alma del Mundo”: La misión de que hemos estado hablando no es, en el fondo, sino que una prolongación de la Misión Personal de María […]. Y todos los que participamos en esa misión, nos convertimos -como decía San Agustín- en “madres de Cristo”, que lo ayudan a aseguir naciendo en la vida de los hombres, en todos los tiempos y culturas.

Y si María me preguntara hoy:
“Y tú ¿Quién dices que soy?”
María, eres mi Madre.
María, eres mi Reina.
María, eres mi Bandera.
María, eres mi ejemplo.
María, eres mi Mujer amada.
María, eres mi Vida…

¡Que María sea nuestra Misión!