Eso me llevó a pensar que siendo ayudante del ramo Ética Profesional en la Universidad me llamó la atención hace algunas semanas que, al pedirle a un grupo de alumnos de ingeniería que dibujaran cuál sería su sociedad ideal, la gran mayoría reconoció nunca haberse hecho siquiera esa pregunta: “¿Con que mundo sueño?”.
Es más. El mismo día del lanzamiento del libro, una compañera mía, activa en su Parroquia, buena estudiante, buena persona, no escribió nada en el papel. Y me da pena darme cuenta de lo mucho que nos cuesta soñar, de lo incómodo que nos resulta el silencio, de lo imposible que es salir de nuestra realidad, de lo mediocres que son las metas que nos ponemos (cuando lo hacemos).
María, ayúdame a soñar, y no dejes que me canse de hacerlo.
Sueño con un mundo donde reine tu pureza.
Sueño con un Chile que se atreva a soñar.
(10 de Noviembre 2008. Ayinrehue, Temuco)

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