
Hoy tenía pensado publicar una entrada que titulé "Cuando escribir es como nadar" sobre mi poca facilidad en la lectura, sobre un sacerdote que escribía muy bonito, entre otras cosas... pero creo que es imposble no dedicar unas palabras a un buen amigo que falleció anoche y del que hablé hace un tiempo en el otro blog. Él es Edito Dumaboc, de quien solo tengo buenos recuerdos.
Creo que hay pocas personas que transmiten paz y tranquilidad con solo hablar o sonreir; creo que, precisamente, Edito es una de esas personas. Era un hombre traspasado de Dios Trino y testimonio vivo de Cristo.
Nacido en Filipinas no dudó en mostrarnos su patria una tarde en mi casa -yo era muy pequeño- a través de unas diapositivas con un retroproyector cuya antigüedad solo era superada por su efectividad. Esa tarde lo conocí y pude descubrir que había algo en él diferente al resto de los hombres... ahora que lo pienso, es muy probable que él haya influido en gran medida en mi camino de fe.
Gracias Edito, descansa, ya has hecho suficiente y el Señor te necesita consigo en su Cielo, porque en el nuestro ya estás.
Regresa al Padre, amigo.


