lunes, 28 de mayo de 2012

EL ESPÍRITU SOPLA DONDE QUIERE (1era parte)


 ¿Cómo no escribir sobre Pentecostés si el Espíritu sopla tan fuerte en este tiempo? ¡Muy fuerte acá el sur de Chile!

Recuerdo haber escrito hace muchos años en la universidad un trabajo sobre el evangelio de Lucas. El profesor me felicitó y puso mi trabajo como ejemplo ante todo el curso. Sin embargo no obtuve la nota máxima, ya que no destaque la importancia que el evangelista daba al Paráclito, al Espíritu Santo. ¿Cómo pude olvidarme que Lucas y los Hechos son sólo un libro dividido por la Ascensión del Señor y la venida del Dios Amor?

Lucas le da un lugar especialísimo al Espíritu Santo, y recién hoy acabo de entender la razón: Lucas no era judío. Sí, no había sido criado bajo una sola mirada de Dios, bajo una imagen masculina de un Dios creador, lejano y varón. Probablemente no existía en él la necesidad de salvaguardar tradiciones y mantener estructuras cuyo sentido se había empolvado y olvidado en el tiempo. Es seguro que no cabía en su mente la idea de una religión determinada por fronteras limítrofes.

Seguramente, además de no entender todos los códigos judíos, Lucas era pagano y en eso existe una riqueza incalculable. Si no hubiese habido un pagano convertido que se animó a escribir la vida de Jesús como lo hizo este hombre seguramente sabríamos muy poco de la Virgen María, o sobre la niñez del Mesías, o sobre la centralidad de la misericordia de Dios. Sobre la importancia de comenzar de cero y “volver a Jerusalén” como lo hicieran los discípulos de Emaús.




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