Durante estos tres últimos días he tenido la oportunidad de participar en un Coloquio en la Universidad titulado "El Dios de los Crisitianos. El aporte de Ronaldo Muñoz a la Teología Latinoamericana". De esto ya hablaré pronto más detalladamente, pero quiero contaros una situación que me desilusionó un poco.
Al coloquio asistieron muchas personas del país e incluso de fuera de Chile. La sala que estaba preparada para cada una de las ponencias y foros "nos quedó chica" y se habilitó otra sala, al lado de la principal, para que quienes no alcanzaran a entrar vieran las ponencias
online en una pantalla gigante.
En la primera sala, la principal, estaba la gente importante: el obispo, el director del instituto, autoridades de la universidad, profesores, ex alumnos del Padre Ronaldo, en general personas mayores, digamos adultos. Personas que sin duda,
merecían estar ahí.
En la otra sala estábamos los estudiantes, invitados, amigos y dueños de casa... la gente más joven... en esta sala el audio no era tan bueno, hacía frío y en ocasiones la imagen y el sonido se desfasaban.
Me pregunté inmediatamente ¿qué diría Ronaldo de este hecho? Yo creo que estaría consciente de que los jóvenes
necesitamos estar ahí -en la primera sala-, pues en nosotros está la re-construcción de Cristo a partir de una nueva teología y una nueva vida de fe, un nuevo estilo de vida. Valorar el aporte y potencialidad de la juventud es el primer paso.
Sólo me queda esperar que cada una de esas personas que estuvo ahí transmita lo que ahí se vivió a sus hijos y nietos y no lo guarde en el cajón de los recuerdos.
Mi reflexión termina así, y esto es lo que me llevo de esta experiencia: ¡Qué hermoso y ejemplificador de nuestra Iglesia hubiese sido estar todos en esa sala! Viejos y jóvenes; estudiantes y maestros; pobres y ricos; temuquenses y santiaguinos; chilenos y trasandinos...
Todos juntos, apretados e incómodos, pero juntos.
Con espacio para todos. Apretados, pero todos.